viernes, 30 de octubre de 2009
El Modelo Argentino
La Plata, "ciudad moderna" (Modernidad Urbana)
Fragmento de un trabajo propio realizado en base a el análisis y los testimonios de los actores de la época que se encuentran en el libro de Alberto S. J. de Paula “La ciudad de La Plata, sus tierras y su arquitectura”.
Una gran ciudad no depende del “poder oficial” y ni de la vida administrativa, sino del lugar. Es el espacio, el territorio adecuado el que construye una ciudad y una sociedad adecuada.
MODERNIDAD URBANA (El poema de Baudelaire y la interpretación de Marshall Berman)
"Los ojos de los pobres"
Autor: Charles Baudelaire Cap. XXVI
En el texto de Baudelaire hay características de la modernidad, características que lo distinguen de una multitud de escenas anteriores de amor y lucha de clases. La diferencia reside en el espacio urbano en que se desarrolla la escena, en una palabra, es el boulevard, innovación urbanística más espectacular del siglo xix y el paso decisivo hacia la modernización.
Estos bulevares permitirían que el trafico circulara por el centro de la cuidad, derribaría barrios miserables, expandiría el comercio, apaciguaría a las masas dando empleo a miles de trabajadores, crearían corredores anchos y largos por los que las tropas y la artillería podían desplazarse.
Los bulevares crearon nuevas bases económicas, sociales y estéticas para reunir enormes cantidades de personas, estaban rodeados de pequeños negocios y tiendas de todas clases y en todas las esquinas había zonas acotadas para restaurantes y cafés con terrazas en las aceras. Eran amplias, bordeados de blancos y árboles frondosos. Se dispusieron isletas peatonales. Se diseñaron grandes panorámicas con monumentos al final de cada boulevard.
La manifestación de las divisiones de clases en la cuidad moderna abre nuevas divisiones internas en el ser moderno. El boulevard obliga a reaccionar políticamente. La respuesta del hombre va en dirección a la izquierda liberal, sentimentalmente desearía hacerlos formar parte de su familia. Las afinidades de la mujer están con la derecha, el partido del orden: llamar a alguien para poder librarse de ellos.
MODERNIDAD URBANA (un intento de definición)

"BRINDIS POR LA MODERNIDAD"*, Marshall Berman.
En Nicolás Casullo, El debate modernidad-posmodernidad, Bs. As., El cielo por Asalto, 1993
* Publicado en la revista mexicana Nexos, núm. 89, mayo de 1985.
Quienes están en el centro del remolino tienen el derecho de sentir que son los primeros y quizá los únicos, que pasan por él-, este sentimiento produjo numerosos mitos nostálgicos sobre el premoderno Paraíso Perdido. Sin embargo, incontables personas lo padecen desde hace unos quinientos años. Y pese a que es probable que muchas experimentaran la modernidad como una amenaza radical a su historia y sus tradiciones, ella, en el curso de cinco siglos, desarrolló una
El remolino de la vida moderna se alimenta de muchas fuentes: los grandes descubrimientos en las ciencias físicas, que cambian nuestras imágenes del universo y nuestro lugar en él; la industrialización de la producción, que transforma el conocimiento científico en tecnología, crea nuevos medios humanos y destruye los viejos, acelera el ritmo de la vida, genera nuevas formas de poder jurídico y lucha de clases; inmensos trastornos demográficos, que separan a millones de personas de sus ancestrales hábitats, arrojándolas violentamente por el mundo en busca de nuevas vidas: el rápido crecimiento urbano y con frecuencia cataclísmico: sistemas de comunicación masivos, dinámicos en su desarrollo, que envuelven y unen a las sociedades y las gentes más diversas: estados nacionales cada vez más poderosos, que se estructuran y operan
burocráticamente y se esfuerzan constantemente por extender sus dominios; movimientos sociales masivos de la gente y de los pueblos, que desafían a sus gobernantes políticos y económicos, intentando ganar algún control sobre sus vidas; y finalmente, un mercado mundial capitalista siempre en desarrollo y drásticamente variable, que reúne a toda esa gente e instituciones.
A los procesos sociales que dan vida a este remolino en el siglo xx y lo mantienen en un estado de conversión perpetua se los agrupó bajo el concepto de modernización Estos procesos histórico-mundiales provocan una variedad sorprendente de visiones e ideas que tienen como finalidad hacer del hombre y la mujer tanto los sujetos como los objetos de la modernización, darles el poder para cambiar el mundo que los está cambiando a ellos, permitirles entrar al remolino y que lo hagan suyo. En el siglo pasado, estas visiones y valores se unieron libremente bajo el nombre de modernismo. Este ensayo es un estudio de la dialéctica de la modernización y el modernismo.
A la espera de un asidero en algo tan vasto como la historia de la modernidad, la dividí en tres fases. En la primera de ellas, la que va de principios del siglo XVI a fines del XVIII aproximadamente, la gente apenas experimentaba la vida moderna: no entendía qué era lo que los afectaba. Andaban a tientas, desesperadamente, en busca de un vocabulario: tenían poca o ninguna idea de un público o una comunidad modernos, con el que podían compartir sus desgracias y sus esperanzas. La segunda fase se inicia con la gran ola revolucionaria de la década de 1790. La Revolución Francesa y sus reverberaciones trajeron consigo, abrupta y dramáticamente, un gran público moderno. Este público comparte la vida de una época revolucionaria que genera trastornos explosivos en todas las dimensiones de la vida personal, social y política. Al mismo tiempo, el público moderno del siglo XIX recuerda todavía cómo es la vida espiritual y material en un mundo que no es moderno. Las ideas de modernización y modernismo surgen y se desarrollan a partir de esta dicotomia interna, esa sensación que proviene de vivir en dos mundos al mismo tiempo. En el siglo xx. la tercera y última fase, el proceso de modernización se expande para abarcar todo el mundo, y la cultura mundial del modernismo logra triunfos espectaculares en el arte y el pensamiento. Por otro lado, a medida que el público moderno crece, se divide en multitud de fragmentos que hablan idiomas extraordinariamente privados: la idea de modernidad, concebida de modo fragmentario, pierde gran parte de su vitalidad, resonancia y profundidad, y mucho de su capacidad para organizar y
dar un sentido a la vida de la gente. Como consecuencia, ahora nos encontramos en el centro de una época moderna que perdió contacto con las raíces de su propia modernidad.


