Página dedicada a las materias Sociología del Deporte e Historia Social del Deporte de la Universidad Nacional de la Plata
Las notas están en la parte de abajo del blog
viernes, 30 de octubre de 2009
MODERNIDAD URBANA (El poema de Baudelaire y la interpretación de Marshall Berman)
"Los ojos de los pobres"
¡Ah! Quieres saber por qué hoy te odio. Sin duda te resultará menos fácil entenderlo que a mí explicártelo; ya que, según pienso, eres el más perfecto ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse. Habíamos pasado juntos una larga jornada que me había parecido corta. Nos habíamos prometido que todos nuestros pensamientos serían comunes a ambos y que, en adelante, nuestras dos almas no formarían más que una; un sueño, éste, que nada tiene de original, después de todo, como no sea por el hecho de que, habiendo sido soñado por todos los hombres, no ha sido realizado por ninguno. Al anochecer estabas un poco cansada y quisiste sentarte en un café nuevo que hacía esquina en una avenida nueva, lleno aún de cascotes y mostrando ya, gloriosamente, sus esplendores inacabados. El café fulguraba. Incluso el gas desplegaba en él todo el ardor de un estreno, e iluminaba en todas sus fuerzas las paredes que segaban por su blancura, las superficies deslumbrantes de los espejos, los dorados de los junquillos y de las cornisas los pajes mofletudos arrastrados por perros encorreados, las damas que ríen al halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevan sobre la cabeza frutas, pasteles y caza , las Hebés y lo Ganímedes que presentan, alargando los brazos, una pequeña ánfora con pastelillos o el obelisco bicolor de los helados de varios gustos; toda la historia y toda la mitología puestas al servicio de la glotonería. Justo frente a nosotros, en la calzada, se había plantado un buen hombre de unos cuarenta años de rostro fatigado, de barba entrecana, que llevaba de la mano a un niño y sostenía en el otro brazo un pequeño ser demasiado débil para andar. Hacía de niñera y llevaba a sus niños a tomar aire al crepúsculo. Todos ellos en andrajos. Aquellos tres rostros estaban extraordinariamente serios y aquellos seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo con una admiración igual aunque distintamente matizada por la edad. Los ojos del padre decían: “¡que hermoso! ¡Que hermoso! Se diría que todo el oro del mundo ha venido a colocarse en esas paredes” los ojos del niño: “¡que hermoso! ¡Que hermoso¡ pero es una casa en la que solo puede entrar gente que no es como nosotros”. En cuanto los ojos del más pequeño estaban demasiado fascinados nada para expresar que no fuera una alegría estúpida y profunda. Los chansonniers dicen que el placer hace buena el alma y emblandece el corazón. La canción, tenía razón esa noche, en lo que a mí se refería. No solo estaba enternecido por aquella familia de ojos, sino que me sentía un tanto avergonzado de nuestros vasos y nuestras jarras, mayores que nuestra sed. Volvía mis ojos hacia los tuyos, querida mía, para leer en ellos mis pensamientos; me sumergía en tus ojos, tan hermosos y tan extrañamente dulces, en tus ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la luna; y entonces me dijiste: “¡Esa gente me resulta insoportable con sus ojos abiertos como puertas cocheras! ¿No podrías pedirle al dueño del café que los alejará de aquí? ¡Así de difícil es entenderse, ángel mío, y así de incomunicable es el pensamiento, incluso entre personas que se aman !
Fuente: El ESPLEEN de PARIS ED. Fontanamara 1998 Autor: Charles Baudelaire Cap. XXVI
En el texto de Baudelaire hay características de la modernidad, características que lo distinguen de una multitud de escenas anteriores de amor y lucha de clases. La diferencia reside en el espacio urbano en que se desarrolla la escena, en una palabra, es el boulevard, innovación urbanística más espectacular del siglo xix y el paso decisivo hacia la modernización.
Estos bulevares permitirían que el trafico circulara por el centro de la cuidad, derribaría barrios miserables, expandiría el comercio, apaciguaría a las masas dando empleo a miles de trabajadores, crearían corredores anchos y largos por los que las tropas y la artillería podían desplazarse.
Los bulevares crearon nuevas bases económicas, sociales y estéticas para reunir enormes cantidades de personas, estaban rodeados de pequeños negocios y tiendas de todas clases y en todas las esquinas había zonas acotadas para restaurantes y cafés con terrazas en las aceras. Eran amplias, bordeados de blancos y árboles frondosos. Se dispusieron isletas peatonales. Se diseñaron grandes panorámicas con monumentos al final de cada boulevard.
La manifestación de las divisiones de clases en la cuidad moderna abre nuevas divisiones internas en el ser moderno. El boulevard obliga a reaccionar políticamente. La respuesta del hombre va en dirección a la izquierda liberal, sentimentalmente desearía hacerlos formar parte de su familia. Las afinidades de la mujer están con la derecha, el partido del orden: llamar a alguien para poder librarse de ellos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario