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viernes, 30 de octubre de 2009

La Plata, "ciudad moderna" (Modernidad Urbana)



Fragmento de un trabajo propio realizado en base a el análisis y los testimonios de los actores de la época que se encuentran en el libro de Alberto S. J. de Paula “La ciudad de La Plata, sus tierras y su arquitectura”.

La Plata fue fundada oficialmente el 19 de noviembre de 1882, dos años después de que fuera federalizada la Ciudad de Buenos Aires y se diera fin a una larga disputa entre la provincia de Buenos Aires y el Gobierno Nacional y que en la bibliografía se menciona recurrentemente como “la cuestión de la capital”.

Quizás es en la palabras de Dardo Rocha, en ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y uno de los principales impulsores del proyecto, donde aparecen con más contundencia todas las tensiones, discusiones e intereses que se ponen en juego con la decisión de fundar la ciudad. “La ciudad capital para que responda a su desenvolvimiento y a su destino, debe ofrecer fácil acceso a los hombres y a los intereses que está llamada a servir; consultar la higiene que se impone, en primer término, en nombre de la existencia; las conquistas del arte que eleva el sentimiento de lo bueno y lo bello; los adelantos de la industria que agiganta la producción y los transportes, reclamando cada día más amplias avenidas y las conveniencias del comercio para que éste concurra a su rápido acrecentamiento”.

Las palabras de Rocha sin duda condensan todas las preocupaciones que para la época marcan los fenómenos urbanos. En primer lugar se puede observar la presencia del paradigma biologisista tan en boga en el momento. Según el gobernador la preocupación por la higiene se impone “en primer término”. En consonancia con esto es notable la presencia de el doctor Manuel Porcel de Peralta, presidente del Consejo de Higiene de la provincia como parte de la comisión especial encargada de la fundación de la ciudad. Sin duda no hay solo una preocupación práctica, que la cercana Buenos Aires de la fiebre amarilla puede justificar, sino que se hace presente la idea de que los hábitos y formas de ser de la gente están condicionados y se relacionan con los paisajes y el entorno humano. Una ciudad que se plantea como higiénica será capaz de tener un organismo social sano.

También aparece la preocupación por “lo bello” y por “el arte” como expresiones elevadas de la existencia humana y que se hará presente en la arquitectura y en los diseños de los edificios proyectados para la nueva ciudad. Finalmente con reminiscencias Haussmaniana en clave del análisis de Marshall Berman aparecerá la preocupación urbana moderna acerca de la circulación, el flujo de mercancías y la salud del comercio. Así lo público y lo privado parecen entrecruzarse en el proyecto aunque aún no entran en conflicto.

Cuando la traza final está aprobada y decidida, el Departamento de Ingenieros justificará la misma en cuanto a tamaños y formas planteando dos consideraciones en tono con lo arriba mencionado “...la primera facilitar a los pobladores la adquisición de una manzana o de media, para establecer negocios en grande escala y construir lujosos edificios que no sean linderos a otras propiedades particulares; y lo segundo, consultando la conveniencia higiénica de aumentar el número de calles en la parte central, donde la mayor densidad de población lo hace necesario” . Negocios e higiene, lo público y lo privado en una sociedad que aún de la mano del capitalismo industrial y liberal, cree en los proyectos colectivos e inclusivos.

Si nos metemos más de lleno en el proceso específico de la traza y fundación de la ciudad una primera mirada nos permite observar la preeminencia del paradigma que Gorelik plantea como el de “urbanística clásica”. Lo racional, científico y “oficial” relacionado con la legitimidad del urbanismo en tanto disciplina científica parece tener una muy fuerte presencia. Todo el proceso que va desde el surgimiento de la idea y del proyecto hasta su fundación oficial está fuertemente signado por ese tono.

En donde primero se expresa esto es en relación con la decisión del lugar donde se ubicará la nueva ciudad. Dardo Rocha, en ese entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires y uno de los principales impulsores del proyecto ya manifestaba que “uno de los primeros actos de mi gobierno será mandar practicar los estudios previos que son indispensables, para resolver con acierto tan importante cuestión(..)” Además califica a esos estudios diciendo que “no es posible prescindir de ellos”. Claramente y a tono con el clima de representaciones de la época el lugar elegido para emplazar una nueva ciudad no puede ser obra de dios ni de la costumbre, tampoco hay lugares naturales destinados para ello, sino que es algo que solo la ciencia a partir de su “objetividad” puede determinar con real fundamento. Será la razón y todo su instrumental la que determinará el lugar adecuado para el emplazamiento de la futura ciudad de entre 23 localizaciones preseleccionadas. La comisión encargada de ello lo hará mediante un complejo proceso de selección y eliminación de lugares en base a una metodología de elaboración de un verdadero índice de conveniencia de lugar de emplazamiento, cuyas dimensiones de análisis serán .


La lógica ingenieril, técnica y burocrática que Aliata rastrea desde el período Rivadaviano, también da su impronta al proceso. Si bien aquella disputa entre una burocracia técnica que con una lógica propia reclama un abordaje de los temas y problemas urbanos escindios y no contaminados por los intereses e instituciones políticas no aparece aquí como conflictiva el perfil de los miembros de la comisión especial antes mencionada a simple vista resulta bastante gráfico al respecto. La lógica política se hace presente con 1 senador nacional y 2 diputados provinciales y el procurador general de la Nación, mientras que el “saber técnico” es representado por el Ingeniero Jefe del departamento de ingenieros del la Nación, el presidente del ferrocarril del Oeste, el antes mencionado presidente del Consejo de Higiene de la provincia, el presidente de obras de salubridad y finalmente el presidente del departamento de ingenieros de la provincia.

En el segundo tema donde esta impronta se hace más visible es sin duda en lo que respecta a la traza de la ciudad, la cual no por azar es encomendada por Dardo Rocha al Departamento de Ingenieros de la provincia. Dos hechos aparecen como las mayores expresiones de este signo ingenieril y técnico, ambos en torno a la idea de la ciudad como abstracción. A la manera como Gorelik plantea el rol de la grilla de 1904-1905, la ciudad de La Plata antes que nada es una idea, y sobre todo una escindida de su entorno. Señala De Palua al respecto “Páginas más adelante nos ocuparemos de esta iniciativa, fruto de la urgencia que regía los procedimientos, por la cual se encargaban proyectos urbanísticos y arquitectónicos en abstracto, omitiendo considerar las características paisajísticas y físicas de un lugar de emplazamiento que, obviamente, recién podría conocerse después de finalizado el término de la convocatoria” . El autor atribuye a “la urgencia” el procedimiento por el cual se encarga el plano de la ciudad aún antes de que el lugar de emplazamiento de la misma esté decidido. Para uno, en cambio, este proceder habla por si solo expresando con toda su potencia la impronta y la lógica del momento. Si bien el lugar es importante (ya señale el complejo mecanismo que implicó su decisión), lo que se va a colocar allí es un “artefacto”. La idea no parece ser buscar un lugar adecuado y trazar una ciudad acorde con él, sino más bien buscar un lugar adecuado para trazar algo que, diagonal más diagonal menos, ya viene dado de ante mano. En definitiva es lugar el que debe ser apto para el modelo ya construido.

El otro hecho donde este tema se torna muy visible es en la decisión sobre que la futura ciudad capital de la provincia sea una ciudad nueva que “sin situarse matemáticamente en el centro del territorio provincial, eludiese sus extremos y se ubicara sobre las corrientes de tránsitos existentes” .¿Porque no utilizar como capital una ciudad ya existente? La respuesta indudablemente se entronca con la relación fuerte que la generación del 80’ establece entre sociedad y ciudad. Lo que se representa aquella elite gobernante es que está fundando una nación moderna y a la vez nueva. No resulta difícil comprender porque una nueva era para una nueva sociedad, requiere de ciudadanos nuevos (el proyecto de inmigración europea es muestra de esto) y sobre todo de ciudades nuevas que borren todas huellas de un pasado arcaico y primitivo.

El conflicto y la resolución del destino de la antigua población de Tolosa marcan el punto. Lo que los proyectistas piensan como un lugar nuevo y vació en realidad no lo es. Dentro de la zona proyectada se encuentra parcialmente el pueblo de Tolosa cuya traza no corresponde con la mentada para la nueva ciudad. Cuando el proyecto se hace realidad la superposición de 100 hectáreas requerirá de un prolongado procedimiento en donde el viejo pueblo deberá readaptarse a la nueva traza.

Señala el Poder Ejecutivo de entonces: “Para hacer una gran ciudad será impotente el poder oficial por sí solo, como igualmente la vida administrativa que se lleve a ella. Ese resultado se alcanzará únicamente buscando el lugar, que el mayor número de intereses comerciales, de fuerzas colectivas en general, puedan desviarse hacia ese punto, no solo sin inconvenientes, sino con facilidad y, si es posible, con ventaja.
Una gran ciudad no depende del “poder oficial” y ni de la vida administrativa, sino del lugar. Es el espacio, el territorio adecuado el que construye una ciudad y una sociedad adecuada.

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